Suele ocurrir que todo el mundo de golpe se vuelve muy sabio y con conocimientos superiores a su ser, y más si se refiere a todo lo que te conviene y lo que no.
Y claro, llega un momento en el que no puedes más y no te queda otro remedio que estallar porque sino el disgusto te lo llevas tú.
Cuando ese "alguien" que no te gusta nada, pero nada (nótese la ironía), te hace llegar su teléfono justo el mismo día en el que habías abandonado toda esperanza.