Se dice, se comenta
que juntando un par de etiquetas de unas camisetas se logra hacer una tienda de
campaña canadiense familiar. ¡Y yo me lo creo!
Y es que el tema de
las etiquetas se nos ha ido de las manos hace muuuuuuuucho tiempo. Pareciera que
en vez de etiquetas nos coloquen pergaminos, porque siendo sincera en cuanto
lavas la ropa esas lindas etiquetas se enrollan que da gusto, ¡y esto teniendo
suerte!, que como encima no te acompañe, la próxima vez que te pongas la prenda
en cuestión acabarás desesperada porque exactamente no sabrás como arrancar esa
maldita etiqueta sin provocar más daños a parte de las llagas que te está
dejando.
Al final en un día de
desesperación empiezas prenda por prenda a dar tijeretazos por las bravas y al
terminar te encuentras con una colección exagerada de “hecho en”, “lave”, “no
lave”, en varios idiomas cual diccionario políglota y te da por pensar en la
barbaridad desperdiciada en tela haciendo que tu mente comience a pensar en
diferentes maneras de reciclaje. Miras al montón y empiezas a hacer tus
cálculos: “con esto tengo para dos edredones nórdicos, una tienda de campaña
canadiense de esas familiares, completada con iglú y todavía queda tela para un
conjunto de chubasquero, paraguas y sombrero para la lluvia.”
Si es que mirándolo bien… ¡todo son ventajas!
(Ironic Mode On)

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