No hay nada como
despertarse por las mañanas, si es que a lo mío se lo puede llamar despertar;
abrir los ojos para continuar con tu ritual de ducha y cuando estás embadurnada
de jabón se corte el agua.
Después de mucho
maldecir llegan las preguntas. ¡¿Por qué?! ¿A qué se debe esto? ¿Una avería?
¿Qué ha ocurrido? Cualquier cosa ha podido ser, pero mientras ahí estás, con
prisa y con jabón por todo el cuerpo, pelo incluido y con cara de circunstancia.
El tiempo se te va
echando encima y la única solución viable es salir de la ducha, enrollarte la
toalla e ir a por una garrafa de agua mineral y darte un aclarado penoso. Vamos,
que te vas con jabón en la cabeza fijo.
Espero no tener que
volver a repetir la acción nunca más, porque el día ya va atropellado desde
primera hora.