Admitámoslo. Ellos
siempre están ahí, ¡dándolo todo! ¡Porque lo valen! Lo mismo sirven para dejar
en el aire con cierto suspense una conversación irritante, una conversación que
promete o una de esas conversaciones en las que arrancarías la cabeza al de
enfrente. Aunque lo que es insuperable es el miedo que dan al recalcar: “No, si
no digo nada pero tú verás…”
¡Son estupendos!

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