Esos días en los que
es mejor ir de puntillas, sin hacer mucho ruido, pasando entre la multitud en
completo silencio, de manera etérea para que no se den ni cuenta de que has
llegado ni siquiera cuando ya te has ido.
Y es que hay días en
los que la irritabilidad está en el ambiente, no hay nada que hacer y es mejor
dejar que acabe el día sin mayores contratiempos.

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